Fay Taylour fue una reina de la competición: ‘peligrosa’ en el trazado pero más aún por su afinidad con Hitler

Fay Taylour fue una reina de la competición: 'peligrosa' en el trazado pero más aún por su afinidad con Hitler

Fay Taylour (1908-1983) fue una de las piloto de motos más famosas de los años 20 y una de las competidoras más feroces del mundo de automovilismo en el siglo XX. Esta subversiva irlandesa puso en jaque la autoestima de muchos hombres contra los que competía en una época en la que las mujeres estaban relegadas a una esfera mucho más privada.

Pero Fay no solo llamó la atención en este deporte: el MI5, el servicio de inteligencia británico, la tenía fichada por su ideología de extrema derecha y su militancia en la Unión Británica de Fascistas entre 1939 y 1941. “Amo a la Alemania nazi y al pueblo alemán y a su líder, y esta guerra parece terriblemente injusta”, contó en una carta.

Una precoz competidora en un mundo de hombres

Fay Taylour nació en County Offaly, Irlanda, un 5 de abril de 1904, en el seno de una familia perteneciente a la nobleza británica. Con muchísima destreza física, su pasión por el mundo del Motor hizo que a los 12 años ya supiera conducir. Tras la universidad, se trasladó a Inglaterra para sumergirse en el motociclismo, y ya durante la década de 1920 era una figura importante.

Comenzó a competir y a ganar carreras y trofeos ante la atónita mirada de competidores de carreras como el ‘Southern Scott Scramble’, cerca de Reads, que veían cómo una niña se estaba posicionando sobre el asfalto ataviada con una enorme gorra. Pronto comenzó a ganar medallas de oro hasta en pruebas de varios días de ruta, labrándose una buena reputación.

En 1928 se convirtió en la primera competidora europea en viajar a Australia y nueva Zelanda para batirse con leyendas de motociclismo. Primero aterrizó en Perth, donde superó al ‘imbatible’ Sig Schlam en su pista local, igualando su récord. Luego fue a Melbourne, donde venció al héroe local Reg West, y mantuvo el récord de vuelta en su pista durante un año.

Pero faltaba muy poco para que Fay abrazara oficialmente el fascismo y el odio que lleva implícita esta ideología.

Los años de militancia en la Unión Británica de Fascistas y su encarcelación

Esta imparable irlandesa regresó al Reino Unido en la primavera de 1930, comenzando una nueva etapa dedicada a la competición sobre cuatro ruedas. Cuando llegó, descubrió que las mujeres habían sido expulsadas de las pistas de carreras de motociclismo, y unos meses más tarde se hizo lo propio en Australia.

Tras pasar a los coches de carreras, Fay acumuló muchas victorias durante los siguientes 24 años. Estableció un nuevo récord a lomos de un Chevrolet 1931 en una ruta desde Calcuta, lo que le abrió las puertas a Brooklands a finales de 1931 a bordo de un Talbot 105 de Le Mans.

Pero para entonces, Fay ya era seguidora del líder fascista británico Oswald Mosley, y se unió a la Unión Británica de Fascistas. Militaría allí hasta 1941.

Durante los años 30, compitió en Irlanda, Inglaterra, Italia, Estados Unidos y Suecia e hizo apariciones frecuentes en Australia, Nueva Zelanda y la India, donde de vez en cuando también competía. Su última carrera importante antes de la Segunda Guerra Mundial fue con un Riley en el Gran Premio de Sudáfrica de 1938, donde recibió una bienvenida de héroe por sus logros.

Pero la sombra de la guerra se cernía sobre el mundo, y como haría con cada esfera de la vida, la Segunda Guerra Mundial paralizaría las competiciones. En septiembre de 1939, Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, y Fay Taylour mostró sin reparos su apoyo a Hitler. Ella ya tenía lazos estrechos con el régimen; había visitado en muchas ocasiones Alemania y mantenía el contacto con oficiales del NSKK, la oficina de deportes nazi.

Proclamó su opinión pro alemana en restaurantes, periódicos, cartas a amigos y folletos que ella misma distribuía. El 30 de mayo de 1940, Taylour fue arrestada en su casa e internada en la prisión de mujeres de Holloway en Londres, junto a más de 1.000 ciudadanos británicos que también fueron encarcelados.

En 1941 la internaron en la prisión de Port Erin en la Isla de Man, y en un archivo del MI5 se la describe como “una de las peores pro-nazis en Port Erin”, aficionada a rodearse de fotos de Hitler y cantar proclamas nazis durante su internamiento.

El Ministerio del Interior, en contra del consejo del Servicio de Seguridad, tomó la decisión de liberar a Taylour de la Isla de Man en octubre de 1943. La secretaría aprobó su liberación a condición de que abandonara el Reino Unido y residiera en Irlanda. Como al Servicio Secreto le preocupaba que Taylour proporcionara detalles a la delegación alemana en Dublín, se le siguió la pista hasta 1976.

Tras la guerra emigró a Estados Unidos, donde se dedicó a la competición en coches mini y a la venta de automóviles británicos en Los Ángeles. Tras una visita a Londres en 1952 para acudir al funeral de su padre, se le prohibió regresar a Norteamérica por su historial político, así que siguió compitiendo en diversas carreras en Gran Bretaña, Suecia y Australia, convirtiéndose en la primera mujer que compitió en la era de la preguerra y retomó este deporte tras la devastadora contienda.

Un año después se le permitió regresar a Estados Unidos, donde conduciría en circuitos de carreras un año más. 1954 sería su último año en la esfera de la competición. Vivió allí hasta 1972, y para entonces había escrito unas memorias que jamás serían publicadas.

Fay murió de un derrame cerebral en 1983 en Dorset, Reino Unido, y hasta 2006 no se publicaron algunos de sus textos en el libro de Brian Belton ‘Fay Taylour Queen of Speedway’.

Si te interesa ahondar en la intensa historia de esta mujer, Stephen M.Cullen publicó una profusa investigación titulada ‘Fanatical Fay Taylour’, que puedes consultar aquí, y que desgrana la vida de esta irlandesa. ‘Peligrosa’ en el trazado pero más aún por su afinidad con la Alemania nazi.

Foto | Justmidgets

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Fay Taylour fue una reina de la competición: ‘peligrosa’ en el trazado pero más aún por su afinidad con Hitler

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Motorpasion

por
Victoria Fuentes

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